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La importancia del desarrollo del lenguaje en niños de 0 a 3 años. Sugerencias y actividades

miércoles, 7 noviembre 2018 | A partir de 0 años, aprendizaje | No hay comentarios

El lenguaje verbal o habla es fundamental en el desarrollo del niño y cumple una función de comunicación, socialización y auto control de la propia conducta, convirtiéndose en un instrumento importante en su actividad cognoscitiva.

Desde las primeras semanas de vida, los niños interpretan miradas, sonrisas y rostros de las personas que se encuentran a su alrededor y tienen necesidad de comunicarse con los adultos que los rodean, motivo por el cual se esfuerzan por reproducir los sonidos que oye. Este esfuerzo será mayor o menor dependiendo de la motivación y gratificación que reciban de su entorno.

El niño necesita estimulación para iniciarse en el aprendizaje de la lengua, y aprende hablar si está rodeado de adultos que le hablan, siendo el adulto el modelo de aprendizaje que lo estimula a emplear el lenguaje como instrumento comunicativo. Por ello es fundamental la estimulación adecuada en el desarrollo del lenguaje para que tome consciencia y posteriormente hable con éxito. Los ejercicios diarios desde edades tempranas favorecen el desarrollo del habla.

Hablamos… es una nueva colección que desarrolla el lenguaje, fomenta la observación y estimula la imaginación de los más pequeños de una forma divertida. A través de un paseo por el parque y de las rutinas previas a la hora de acostarse, se ofrece una conversación para motivar al niño a que hable y haga sus primeras asociaciones de imágenes, sonidos y palabras. Ha sido realizada por especialistas en Lenguaje Infantil.

      

Sugerencias:

  • Habla al niño, pero, sobre todo, habla con él. Dedica cada día un tiempo de calidad a la conversación y al juego con el niño.
  • Escúchale con atención e interpreta su lenguaje corporal, sus gestos y los sonidos que emite porque es su forma de comunicarse.
  • Conversa con el niño aunque aún no hable, utilizando los recursos comunicativos que tenga el niño en cada momento evolutivo, como la sonrisa, el llanto, la mirada, los gestos, las conductas de señalamiento, etc.
  • Al hablar utiliza un lenguaje claro y sencillo, con un vocabulario rico sin incorporar las palabras mal pronunciadas que utiliza el niño ni «infantilizar» el lenguaje.
  • Háblale de frente, colocando el rostro cerca de la cara del niño para que este pueda observar cómo la boca del adulto modula las palabras.
  • Anuncia al niño lo que va a hacer o describe lo que está haciendo durante las actividades cotidianas para que aprenda también el nombre de la acción o situación.
  • Ofrece al niño la oportunidad de relacionarse con otros niños de su edad para favorecer el desarrollo de su comunicación, el desarrollo social y el mayor conocimiento de sus propias posibilidades.
  • Al dirigirte al niño utiliza palabras concretas, refiriéndote a situaciones inmediatas, utilizando frases cortas y sencillas y todo ello rodeado de un clima afectivo.

Actividades:

  • Repetir cualquier sonido que emita el bebé, como vocalizaciones, hipidos, estornudos, etcétera, haciendo turnos con él como si se estableciera un diálogo entre los dos.
  • Jugar a producir sonidos consonánticos y colocar la mano del bebé suavemente sobre los órganos activos del adulto: labios, garganta, pecho…
  • Describir las actividades cotidianas (el baño, el cambio de pañal, la alimentación, quitar o poner la ropa, etcétera) utilizando diferentes recursos expresivos como si fueran historias fantásticas.
  • Mostrar al bebé láminas grandes con dibujos de objetos que emiten sonidos e imitarlos: reloj, teléfono, moto, coche, tren, avión, campana, sirena de una ambulancia…
  • Pronunciar de forma clara el nombre del objeto que el niño desee permitiendo que el pequeño vea el movimiento de los labios del adulto y animándole a producir sonidos para pedirlo.
  • A lo largo de las actividades cotidianas, formular preguntas como «¿qué quieres que te dé?, ¿dónde está?, ¿cómo se llama?», ofreciendo la respuesta y volviendo a formular la misma pregunta.
  • Colocar sobre la mesa diferentes objetos de uso habitual, pedirlos uno a uno y elogiar el logro cuando el niño los entregue.
  • Jugar con los muñecos como si emitieran cadenas de vocales: «aaaaa, eeeee, iiiii, ooooo, uuuuu». En otros momentos, emitir cadenas de sílabas: «papapa, mamama, bababa», etcétera.
  • Proporcionar todo tipo de cuentos (de cartón plastificado, plástico, tela) y revistas. Animar al niño a que pase las hojas mientras el adulto nombra los personajes y objetos que aparecen en ellas. Festejar cualquier intento de sonido por parte del niño como si hubiera nombrado la imagen.
  • Cantar canciones muy sencillas y animarlo a repetirlas juntos.
  • Pedirle al niño que señale las imágenes de un cuento que conoce muy bien mientras se narra de nuevo.
  • Grabar los sonidos que produce el niño y reproducirlos cuando está en silencio.
  • Siempre que el niño señale algo que desea (agua, pan, un juguete…), animarlo para que lo solicite con sonidos procurando que, progresivamente, ensaye y mejore la pronunciación: debe escuchar al adulto pronunciar el nombre, pero nunca hay que corregir los intentos del niño.
  • Jugar con él a llamar de distintas formas a papá, a mamá, a su muñeco preferido, etcétera: muy alto, bajito, chillando, marcando las sílabas, alargando los finales…
  • Cantar una canción que conozca repitiendo una sola sílaba sencilla: «la, la, la, la». Ir cambiando la sílaba.
  • Al pasear por la calle, jugar al ¿dónde está?: «¿dónde está el árbol?, ¿dónde está la nube?, ¿dónde está el perro?, etcétera».
  • No dar la sensación de que comprendemos lo que nos pide cuando lo hace mediante gestos, preguntarle «¿Qué quieres?» aunque sepamos lo que nos pide. Se trata de estimularlo para que lo diga de forma oral.
  • Utilizar cuentos de imágenes para describir los objetos que aparecen, para luego proponerle que se lo contemos entre los dos a otra persona, a papá, a mamá, a los abuelos, a un muñeco…
  • Contar, apoyándonos en alguno de sus muñecos, historias sobre lo útil de usar el lenguaje para conseguir lo que queremos: «Y entonces este muñeco tenía mucha sed, pero no sabía decir “Quiero agua” y nadie sabía que tenía sed…».
  • Mostar fotos de familiares y conforme van señalando a cada uno de los que aparecen decir su nombre. Pedirle al niño que repita la actividad él solo.
  • Mirar por la ventana de casa y jugar a qué vemos: cada uno dirá un elemento a la vez que señala el lugar en el que está.
  • Preparar una caja con objetos de una misma familia (animales, medios de transporte, objetos de la cocina…). Mostrar uno a uno los objetos diciendo el nombre y establecer una conversación sobre ellos en la que el niño espontáneamente elaborará frases con esos nombres.
  • Cuando esté jugando solo, aprovechar para preguntarle a qué juega, con qué…
  • Dar la descripción de un objeto conocido de la casa sin nombrarlo para que el niño lo busque y se lo entregue al adulto.
  • Pedir que coloque algunos objetos en un lugar determinado que esté a su alcance.
  • Al volver de una salida, pedirle que cuente qué hizo, adónde fue, qué vio, con quién fue…
  • Durante un paseo, la compra en el supermercado, etcétera, comentar el recorrido, lo que están viendo, qué hay en los estantes, pedir que coloquen en la bolsa de la compra algún producto…

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